Cine
 Fecha:11/11/2010

Dioses
Cómo no Criticar, cómo no Envidiar
Por Ada Zapata Arriarán

Dioses
| Dioses

Dioses se estrenó este 10 de Noviembre en el Multicine de La Paz

Por encima del  erótico afiche Benetton, donde aparentemente no figura ningún  actor principal, moda o gesto publicitario de la película...

Muy natural, por cierto, en su rol de empleada  Magali Solier, como nunca, demuestra que no existen pequeños papeles y sí buenos actores.Tristemente el actor principal Sergio Gjurinovic en el papel Diego  no resulta creible,  salvo algunas escenas, las más incestuosas con  Anahí de Cárdenas, actuación desproporcionada en relación a la atrayente interpretación de la carnal adolecente .

Sin duda Dioses disfruta relatar los fatuos fuegos, vaivenes en el  amurallado Olimpo de la clase alta peruana, lejos por supuesto, de la mortal tierra donde la miseria luce para nosotros sus peores descampados, "Cómo no criticar, cómo no envidiar "  replica  bien su director Josué Méndez.   Se puede decir que Dioses, es  otra  transformista que gusta removerse en el nucleo, en el quebradizo huevo familiar, donde aflora la representación de un mundo...   ni panfletos, ni melodramas, pero al borde de los dos abismos, porque los moralmente empobrecidos ricos también  lloran. Como un ensayo social,   tímidamente atestigua los temblorosos cambios actuales, aunque dificilmente conduce a  la afamada catarsis griega, el climax que  transforma la mirada. Mal que bien nos,  obliga a incomodarnos, a posicionarnos, reconocernos, reirnos y amargarnos, atrapados como crujientes insectos en la telaraña social, extraviado el don de expiar faltas y encontrar el camino de la renovación,  nos conformamos con el neurotico espectáculo en el anfiteatro latinoamericano. El film muestra el corroido nido de los hijos bien,  cuasi caricaturesca nos hace presenciar  inverosímiles reuniones pechonas  o  las menos creíbles fiestas temáticas del hastío.  Lugares  comunes y  sagrados  donde padres e hijos prolongan la costosa casta... Sí, Dioses es  un  juego de emulación de la clase alta,  atizada por la  banalidad universal con la que una afortunada minoría hace estereotipada antropofagia del resto de la población. 

Con la misma temática  la boliviana Zona Sur de Valdivia se anticipa a las mismas  ansiedades antirracistas. En ambas películas se realiza de ida y de vuelta  la inquietante inserción de una clase sobre la otra. Los transparentes y rígidos cristales son símbolos que separan  universos. Si bien el film de Valdivia afablemente, con una soterrada tensión, nos lleva al umbral  de grandes transformaciones en Boliva. En Dioses se nos muestra un statu quo donde prevalece el dominio  de la  alta casta carcomida eso sí , por la decadencia. Sin embargo Dioses acentúa aún más la brecha  entre la clase alta y la baja. Las propiedades del potentado metalúrgico, la lujosa casa en la playa con los malcriados adolecentes que  se revuelcan hasta el amanecer, acompañan la travesía turística por el reino de arriba,  y  vista de costado, a través de los límpios cristales de un lujoso auto, los ventanales de la oficina de papá, o los blindados vidrios del ascensor donde se cuela, esta la  carcomida urbe peruana.  Según Méndez son estas, increibles contradicicones, las blancas moradas y las cloacas del pueblo,  las que motivaron la realización del film, las desproporcionadas diferencias y el velado racismo que ensombrece el Perú.

La  orfandad  de la prole  chola está representada por las  domesticadas empleadas de la casa,  o en la figura de la amante arribista que no duda en esconder su origen.   Debemos reconocer que en cierto momento Dioses  nos  deja caer de lo rico al sucio averno de lo pobre, abriendo una supuesta puerta, cuando el erotómano hijo acomodado, toma vacaciones en la villa de una  de sus buenas sirvientas, emula alguna abrupta toma de consciencia. Inversamente en Zona Sur, por el contrario, son los de la clase baja, quienes peligrosamente se apoderan, con una maleta llena de dinero, de la simbólica Casa Grande. Si en Dioses se ve la miseria aunque  decididamente no se la toca, en Zona Zur ni siquiera se la ve, conpartir la utópica mesa en la escena final, es un espejismo que no logra ser completamente creible.   La burbujienta  Zona Sur  nos confina dramaticamente detrás  de las ventanitas de la blanca casa y solo brevemente a través de los inocentes ojos de un niño, acompañando  la fuga del mayordomo, se sale de la jaula de cristal y se entra al círculo místico, al gran arcano andino del afuera. Amablemente la pobreza en Zona Sur se disfraza de impuesta idiosincrasia y del enigmático misterio de la cultura andina. Ya lo dijo su director Valdivia  “Se trata de un problema de clases”, incluso  en quiebra  los desgraciados burgueses siguen comportándose como tales.
 

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