Literatura
 Fecha:26/11/2011

Edmundo Camargo y Blanca Wiethüchter
En la Crítica y el Poeta
Por Ada Zapata Arriarán

Fotos : M. Reyes/Palabras Más
| Fotos : M. Reyes/Palabras Más

Valga la oportunidad para contrastar la sonoridad de dos grandes autores de la literatura nacional, cuyos rostros, gestos verdaderos, ineludibles robos de la cámara, ilustran bellamente cada tomo de la mencionada colección La Crítica y el Poeta. Un joven Edmundo Camargo, en El Tiempo de la Muerte; y una hermosa Blanca Wiethüchter atrapada en el espacio de una Ítaca, donde toda espera es hilo  de palabras, límpido horizonte que desaparece. Valga a sí mismo la moneda de dos caras que el azar transforma en malabar de lectura, en las pestañas de los jóvenes autores de la colección, donde se  coquetea con la escritura de los  poetas. En ese espacio en blanco, paréntesis de miradas, entre el lector y la obra,  se encuentra el mundo que nunca veremos, y del que sólo calibramos súbita honestidad ante la muerte, y donde la enfermedad es tacto solitario, sin palabras. ¿Quién fue Edmundo Camargo? ¿Quién fue Blanca Wiethüchter? No lo sabemos. Sin duda la afanosa interpretación  de sus obras, es otra ficción, el arte de imaginar lo leido... que a su vez  las palabras nos leen y nos imaginan. 


El 1 de Diciembre se presentaron dos nuevas obras de la coleccion La Crítica y el Poeta, de la Editorial Plural, en el Espacio Simon I. Patiño.  Con este interesante motivo Palabras Más conversó con los disertantes,  Mónica Velásquez, (investigadora y editora),  Monserrat Fernández y Mauricio Murillo*.


AZ: Mónica ¿Cuáles son las direcciones que nos permiten ingresar al mundo de una posible lectura en ambos lectores?

MV: Yo creo que son dos autores muy difíciles de leer. Muy retadores, muy desafiantes, con muchas, con muchas  resistencias  ante la crítica. Entonces, es delicioso  porque  es como vencer obstáculos para llegar a ellos.  De las dos obras uno sale profundamente conmovido, como decía Mauricio Souza; uno sale otro,  no puede ser el mismo, no pasa impunemente de la lectura de esas obras. Pero a la hora de aceptar eso, ya críticamente,  salir del impacto es difícil, nos ha costado muchas horas de charlas y discusiones, hemos abierto yo creo nuevas  vías   de acceso a estos poetas de lo que ya se ha dicho  de  estos poetas; entonces se había hablado mucho de Blanca Wiethüchter y su relación con  la historia,  y su  pluralidad de voces poéticas, de   su relación con lo femenino; esta vez hemos decidido  más bien abordarla desde el lado del lenguaje,  un lenguaje que para ella nunca fue transparente, ni acogedor, ni  patria,  ni hogar, sino que más bien fue un reto permanente  de bregar con esa palabra de la cual ella quería ser parte, su lengua materna no era el español,  ella eligió ese lenguaje para escribir, y creo que ahí hay un gesto de voluntad de pertenecer a esa palabra tan escurridiza como la poética.


En el caso de Camargo, un poeta que lamentablemente muere muy joven, el  sabe de su enfermedad letal, sabe  que le queda poco tiempo, y escribe a contrapelo de la muerte;  sin embargo más allá de eso,  que había sido lo dicho por la crítica, nos preguntamos bueno está la muerte, está en su biografía, está en  su obra,  ¿Pero cómo, para qué,  haciendo qué?,  y bueno entramos desde el lado siniestro que hay en Camargo, porque hay  un cuerpo deshecho en la tierra, pero  profundamente erótico; y uno frente a eso, es así como un cambio mental, no sabes dónde ponerte; pero hay también,  un desafío de lo que es la enfermedad,  de lo que es el amor, de lo que la unión cósmica con la tierra, a partir de un cuerpo desecho digamos, de   un cuerpo que se deshace; era muy fuerte para nosotros, y por otro lado yo creo que ha sido  el poeta que más y mejor ha trabajado la imagen poética, que es otra de sus herencias fundamentales,  para los que venimos después.

AZ: Me parece impactante el hecho de que estamos hablando de dos autores que tenían consciencia de una muerte próxima, en el caso de Blanca   Wiethüchter y en el caso de Edmundo Camargo, ¿Qué clase de poesía genera esta  consciencia  inminente de una muerte que está aquí, y no  en el espacio filosófico o abstracto?


MV: En el caso de Camargo,  yo creo que es una muerte  muy temprana, tiene veintiocho años, por lo tanto la vivencia de esa muerte  es como un contratiempo, yo diría que es realmente como un contrarreloj, lo que uno alcanza a decir sabiendo que es un libro lo que va a dejar y eso va a ser   todo.  En el caso de Blanca es muy distinta la vivencia, porque es ya  una poeta mayor con cierto recorrido,  y más bien  viene  una  hiperperconsciencia del vivir y del morir, creo que Luminar y los Ángeles del Miedo, que es uno de sus libros póstumos, son un canto súper lucido,  despiadado, súper fuerte con alguien que mira la muerte de frente, le habla, le escribe y mira a su amor y se despide frente a su muerte, inminente y clara. Entonces creo que son dos momentos vitales, en los que a ellos se les presenta la muerte, la enfermedad que anuncia esa muerte, y desde muy distinto modo, pero que evidentemente dejan  una escritura casi yo diría  de urgencia vital, es decir no queda otra,  que decir esto de una, porque se va la vida.


AZ: En este nuevo episodio de La Crítica y el Poeta, ¿Por qué han acompañado a Blanca Wiethüchter junto a Edmundo Camargo?

MV: Bueno, en realidad ha sido como azarosa la asociación, digamos la compañía; decidimos  ir cronológicamente,  nos fuimos a Cerruto, Camargo, Wiethüchter y por cuestión de tiempo  y de plazos,  salieron dos primero y luego dos, pero en general los sentimos a los cuatro como acompañándose desde cuatro lugares muy distintos pero fundamentales, yo diría casi los cuatro pilares sobre los cuales va a crecer la poesía del siglo XX.


AZ: Montserrat Fernández, mencionas a Blanca Wiethüchter como la autora de una obra hostil,  y de un lenguaje con ciertas paradojas,  ¿Podrías hablar sobre el deslumbramiento que representa la autora?

De hecho la hostilidad en el lenguaje la trata más Mónica Velázquez, yo obviamente sí toco esa hostilidad pero no con esta palabra, digamos, yo hablo desde el tejido andino, y como este tejido es un entramado, muy complicado, muy complejo,  si quieres a la manera de un tejido andino.  Los hilos van a cruzarse  y las cosas se van decir y  se van desdecir al mismo tiempo. Un poco tal vez simulando el gesto de Saenz.  Sin embargo, lo que hace Blanca  Wiethüchter me parece espectacular, o sobresaliente,  extraordinario, porque lo que ella hace es crear imágenes muy sólidas, que se van a desdecir después pero van a seguir  latentes, vigentes,  en la voz poética. Entonces la voz poética no va a poder olvidar esas imágenes,  se van a crear  sendas de memoria  muy  duras, muy fuertes, en el caso de Ítaca va a ser  la casa, la casa  como construcción, como muralla,  se va a quedar, va a permanecer y el nombre Penélope, que es un nombre muy mítico, un nombre con historia, etc. ese nombre  se va a deshacer, Penélope ya no va a ser  la Penélope que espera, va a ser la no Penélope. Desde ese punto si quieres,  entro a la poesía de Blanca.

 

AZ: Se presenta a Blanca Wiethüchter también como una poetisa del más acá y no del más allá, ¿A qué te refieres?

MF: El problema es que a veces, cuando leemos de poesía, y especialmente se lee a la Blanca, se lee, como una poeta femenina, etc., y me parece que Blanca, sí retoma este cuerpo femenino, sí retoma otra vez este cuerpo femenino, sí retoma temas muy complicados, muy complejos;  pero no son temas que se alejan de la verdad, o sea, está la casa, está, no sé,  el cigarrillo, todo está muy tangible. Las imágenes  se componen, si quieres,  de cosas, de seres  tangibles, tocables.  Entonces,  no es una construcción como la de Camargo; Camargo, por ejemplo,  sí es mucho más abstracto. Wiethüchter  no, Wiethüchter es así,  casi una poeta, si quieres, de la realidad, si quieres del pueblo, que puede tocar, que  se puede ver, habla de la revolución, habla de cosas muy tangibles y de esas cosas tangibles hace imágenes. Entonces ahí también está su logro,  cómo hacer de estas cosas que están totalmente cotidianas, comunes,  hacer imagen, y que sea otra vez sorprendente, que la realidad se vuelva otra vez  sorprendente.


AZ: En los predios de la muerte, una relación,  en la lectura de  los poetas es singular, hablando de la obra.

MF: Edmundo Camargo  tiene una enfermedad de los intestinos, con  cáncer. Una enfermedad muy larga que degrada el cuerpo, igual que Wiethüchter entonces  esta preparación ante la muerte es importante, y muy importante en la poesía de Camargo creo más. Porque Wiethüchter produce mucho antes de saber de este proceso de muerte. En Camargo la muerte está muy marcada, por eso también la presencia del cuerpo  es fundamental, el cuerpo que se degrada, que se deshace,  transforma, eso es lo que explota Camargo, en cambio Blanca no.


AZ: Mauricio Murillo uno de los interventores de esta apuesta literaria, que en esta ocasión homenajea a estos dos escritores. Tu disertación Mauricio nos habla de la escritura de Camargo como una obra hermética y criptica, que además está preñada por una restauración y  copias que generan alguna confusión en la inesperada obra de Camargo, explícanos la consistencia de  este deslumbramiento.


MM: Bueno partía más, como un juego lúdico para presentación, de pensar en las dos ediciones que se tienen  de Camargo que son distintas, con casi cuarenta años de diferencia,  en palabras, en versos, en estrofas; y pensar qué podía haber pasado con eso. Además como grupo, habíamos charlado, y nos divertíamos también como grupo de investigación,  pensar en esas posibilidades.
Pero bueno, luego de eso, la lectura parte de otros lados,  me parecía que es lindo acercarse con cariño y con diversión  a los poetas y a los poemas. Y este autor como decías es  bastante críptico  y cerrado, y difícil, pero creo que cuando te acercas, y realmente empiezas a leerlo con detenimiento, con paciencia,  se te abre un mundo muy interesante,  fue  una linda sorpresa porque nunca lo había leído tan detalladamente. Creo que el cariño nace mucho por esta poesía de este autor y  nada, parte de un juego, pero  para acercarte a la escritura te das cuenta que estamos igual frente a  un mundo bastante importante y lindo que es su poesía.


AZ: ¿Algunas coordenadas de esta poética para enfrentar su lectura?

MM: Creo que es muy importante la muerte, pero no la muerte con miedo, ni con una lejanía, sino con una muerte muy presente,  tal vez se deba a la enfermedad que lo lleva a Camargo a morir a los veintiocho años, pero la muerte muy cerca, y el cuerpo también,  un erotismo muy cercano a la muerte y a la enfermedad.  Un cuerpo dañado que está muriendo, pero que a la vez sigue viviendo, una paradoja muy linda entre vida y muerte pero muy siniestra a la vez. Entonces yo me acerco desde el horror, pero es un horror muy presente. Creo que el terror  lo atroz están en esta poesía y además las máquinas, muchos otros autores franceses o de otros lados están presentes en esta poesía.

  

* Nota: Cada libro de La Crítica y el Poeta, trabajo conjunto de  cuatro autores: Mónica Velázquez,Monserrat Fernández, Mary Carmen Molina Ergueta y Mauricio Murillo;  todos  de la Carrera de Literatura en la UMSA, tiene dos invitados: el libro sobre   Wiethüchter, tiene a Mario Murillo, y  Claudio Sánchez. Y el de Camargo  a María Helena Lora y Gabriel Chavez.



 

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