Literatura
 Fecha:19/04/2014

James Joyce
Girando sobre sus Goznes
Por Antonio Mayorga Ugarte

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En Joyce se aviene el lenguaje como personaje y el sentido se sustrae a un gran artilugio verbal. Sea torpe o precisa, ya no se admite la mera creación de sujetos-personajes que inventan el mundo a su medida y le otorgan sentido a partir de su opaca o exacerbada interioridad.
Los recovecos del lenguaje, su densa trama, caminan más rápido y van más lejos que la aterida –inestable, precaria o trágica– complejidad de un sujeto-personaje atrapado en una red significante que él mismo, con ayuda del autor y del lector, ha puesto en el mundo.
 
El lenguaje basta y sobra; entrar en él y perderse importa más que la ilusa inmersión en los laberintos de la mente o emoción de quien se llama Dedalus, Bloom y/o Dublín. Los signos girando sobre sus goznes someten al sentido al imperativo lingüístico.
 
Verborragia ilimitada y vertiginosa, sin embargo, capaz de articular un cosmos, sin huecos de significado ni desentendida mudez. Como la música o las matemáticas, las palabras joyceanas armonizan el caos sin ayuda de trascendencia alguna; son un soplo en el papel, un sonido cercando el silencio, una cifra en el corazón de las apariencias.   
 
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