Literatura Boliviana
 Fecha:19/07/2014

La Memoria y el Olvido
En la obra narrativa de Edmundo Paz Soldán
Por Samuel Arriarán

Foto: M.Reyes/PalabrasMás
-Foto: M.Reyes/PalabrasMás
Foto: M.Reyes/PalabrasMás
La novela es una obra de arte no tanto por sus semejanzas inevitables con la vida    como por las diferencias inconmensurables que lo separan de ella.
Stevenson
 
En este trabajo analizaré el modo en que Edmundo Paz Soldán se representa el problema de la memoria y el olvido. Se trata de precisar el contexto de su obra narrativa (los años de la democracia en Bolivia a partir de 1982) que determina un tipo de narración donde los personajes están problematizados con su identidad que ya no se define en función de la modernidad  sino de la posmodernidad y de la globalización. Es así que en sus novelas  Río fugitivo,  Sueños digitales  y  Palacio quemado  la memoria y el olvido se relacionan con el efecto de las nuevas tecnologías de la información que opacan y  difuminan las diferencias entre la realidad y lo imaginario. ¿Cómo se plantea literariamente la relación entre la  memoria, el olvido y la historia de Bolivia? Como parte importante de la nueva narrativa boliviana, la obra de  Edmundo Paz Soldán replantea de manera original la relación entre escritura e imagen.  La representación de la identidad ontológica encuentra en este autor una  expresión particular. Si lo ontológico tiene que ver con el modo débil o fuerte en que las personas se ven a sí mismas, observamos la manera en que una nueva generación posterior a las dictaduras militares intenta reconstruir su memoria y así definir su propia identidad. 
 
¿Y cómo caracterizar la obra de Edmundo Paz Soldán? Si el mundo representado en la literatura es siempre imaginario y si a ello se suma que el mundo real es igualmente inventado, resulta entonces que la realidad representada en la literatura es una doble ficción. Desde este punto de vista podemos caracterizar la obra narrativa de Paz Soldán como una construcción autorreferencial, es decir, de una literatura que en oposición al realismo se ocupa de las condiciones que determinan su escritura. Como es sabido, esta tendencia se ubica dentro de la  estética posmodernista. Pero lo interesante a mi modo de ver es la manera en que se aplica dicha tendencia a la historia particular de Bolivia. Dejo para otra ocasión un análisis comparativo de Paz Soldán con la obra de los nuevos narradores bolivianos como Rodrigo Hasbún, Liliana Colanzi o Giovanna Rivero. Mi hipótesis es que en la obra de estos narradores la novela se convierte en ensayo sobre la novela, lo que quizá sea un broche lógico para la idea de la autorreflexividad en la literatura boliviana.
 
Sueños digitales
La representación de la diversidad ontológica encuentra en algunas novelas de Paz Soldán una buena expresión. En Sueños digitales el personaje Sebastián, corresponde a la generación de los jóvenes bolivianos globalizados. Este proceso de globalización afecta también en el modo de asegurarse el ser. Tenemos por un lado aproximaciones a la teoría de Zygmund Bauman  de las  nuevas identidades líquidas cuando una gran parte de los jóvenes rechaza compromisos fuertes con la realidad (Bauman, 2005). Según esto, los jóvenes posmodernos serían como barcos que no necesitan estar en forma permanente en un puerto. En el caso de esta novela nos encontramos con un joven que ve cómo se diluye su personalidad hasta perder la diferencia entre la imagen y lo real: “Sebastián se palpó el cuerpo como cerciorándose de que existía, de que no estaba soñando lo que ocurría o no pertenecía al sueño de otro.” (Paz Soldán, 2000,198).
 
Sueños digitales es una novela donde el autor ha logrado plasmar la realidad de la dictadura militar bajo la máscara de la democracia. La historia trata de un experto en las nuevas tecnologías informáticas quien hace experimentos con photoshop hasta que se da cuenta del gran poder manipulador de las imágenes. Así como podría reconfigurar la vida de su padre en su infancia, se da cuenta de que puede borrar la memoria de lo que sucedió en el pasado con cualquier persona: “Si se puede proyectar hacia adelante, no veo por qué no se puede crear un niño si te doy la foto de mi papá de treinta años” (102). Cuando un ex militar convertido en demócrata se está esforzando por cambiar de imagen, acude entonces a los profesionales como Sebastián:
 
Ya se ha reinventado como demócrata. Ahora le ayudarás, si no a borrar su pasado, por lo menos a reinventarlo como un dictador benevolente. Alguien que se dedicó al progreso del país y que nunca organizó a los grupos paramilitares ni ordenó desapariciones de opositores ni masacres de mineros (102). 
 
Cayendo quizás en los excesos de la ciencia ficción, Edmundo Paz Soldán nos cuenta los problemas de este personaje que en principio no ve inconvenientes en prestarse a la manipulación  mediática, pero finalmente se da cuenta de que el país ha sido convertido en una serie de individuos digitalizados. O sea que Paz Soldán pasa por alto el hecho de que en el país  se desarrollen resistencias y protestas sociales. Hay que subrayar que en aquellos años surgió un gran movimiento de oposición en torno de la clase obrera e indígena. Esto significa que no todos los sectores del país fueron desmovilizados ideológicamente por la propaganda banzerista.
 
Para no caer en un enfoque puramente literario esteticista hay que tomar en cuenta lo que sucedió históricamente con el regreso al poder de Hugo Bánzer. En efecto, el militar que de 1971 a 1978 gobernó el país, cuando se presentó como candidato a las elecciones presidenciales (1997-2001) se valió de grandes recursos publicitarios. En este contexto operó un verdadero lavado de cerebro al borrar de la memoria colectiva lo que sucedió durante los años de su dictadura. Si el país votó por el dictador olvidando su pasado, cabe la posibilidad de que el país pudo ser digitalizado. Esto significa la posibilidad real y cercana de no saber nada del pasado y vivir solamente el presente. Bauman señala que en efecto, la identidad ya no se define por el pasado, los archivos o la memoria colectiva, sino por el presente. Se trata de  producir “seres humanos sincrónicos que viven exclusivamente en el presente y no prestan atención a la experiencia pasada ni a las consecuencias futuras de sus acciones” (Bauman; 2010,229). Los asesores de Bánzer bien sabían que una gran parte de los votos había que esperarlos de aquellos que por miedo, se dejaron gobernar pasivamente:
 
Esa propaganda en la televisión, dándole la mano a un mendigo a las puertas del Santuario de la Virgen de Urkupiña, movía a lágrimas y podía hacer olvidar, aunque sea momentáneamente todos los gases lacrimógenos tirados a los maestros, todas las medidas de represión contra los cocaleros (171).
 
Sebastián se dan cuenta con horror que él mismo puede ser un individuo o robot, ya que agentes del gobierno han intervenido en su domicilio borrando y alterando sus fotografías. Siente entonces que hay un poder más fuerte que él, empieza a tener dudas morales y filosóficas: 
 
Imaginó a la Ciudadela como uno de esos organismos que había visto en alguna película de ciencia ficción o en algún videogame. Un organismo que se autogeneraba, que creaba a quienes lo creaban, y luego se deshacía de ellos. Los caminos se cerraban, pronto no habría puentes para cruzar, pronto vendrían en su búsqueda (206).
¿Hasta qué punto la tecnología responde al interés de la dictadura? Como Sebastián no es adorador de las realidades virtuales y digitale,s se convence de que el militarismo en la época de la democracia utiliza las nuevas tecnologías computarizadas con fines de represión política: “Se fraguaban suicidios cinemáticos, se desplazaban tropas y fluía el dinero y se derribaban gobiernos y se eliminaban opositores” (204). 
 
Sabemos que en la nueva literatura latinoamericana el tema del borramiento de la memoria por efecto de las nuevas tecnologías digitales, ha sido poco trabajado. Se puede citar La novela perfecta de la escritora mexicana Carmen Boullosa, que describe el momento de la autonomización de las imágenes. En un pasaje de su novela relata cómo se borra la diferencia entre la mente y la computadora. Sobreviene entonces una explosión de imágenes virtuales en una calle neoyorquina. Por su parte Paz Soldán coincide con Jean Baudrillard que en sus obras nos ha explicado que estamos en una época donde la realidad histórica se ha convertido en una realidad virtual: “No sólo las huellas de nuestro pasado se han vuelto virtuales, sino que nuestro propio presente está entregado a la simulación. Con lo virtual no sólo entramos a la era de la liquidación de lo real y de lo referencial, sino también a la era del exterminio del Otro” (Baudrillard; 1996, 149). No me convence la manera en que Paz Soldán recrea y aplica estas tesis filosóficas en un país subdesarrollado como Bolivia que no podría afirmarse que es un país posmoderno como Estados Unidos, Francia, Japón o Alemania. No es convincente al aplicarse al caso de la conversión de la dictadura en democracia, cuando Sebastián no pudiendo soportar la idea de que el país ha sido manipulado y digitalizado acaba suicidándose. Este final melodramático se deriva de un planteo revisionista  de la historia de Bolivia como una utópica realidad virtual. 
 
Palacio Quemado
En los años de 2002 y 2003 Bolivia pasó por una guerra civil a raíz de las protestas contra la política neoliberal de Sánchez de Lozada. Entre febrero de 2002 y octubre de 2003 hubo enfrentamientos violentos con numerosos muertos y heridos. Aunque Sánchez de Lozada tuvo un gobierno anterior sin mayores conflictos, esta vez provocó el descontento generalizado a raíz de varias medidas como la entrega del gas a Chile y la imposición de impuestos a los salarios. Lo primero en realidad no pasó de un rumor pero en la conciencia colectiva se generó un rechazo a toda negociación con Chile. En cuanto a lo segundo (la imposición de impuestos a los salarios), también hubo un rechazo y aunque la medida se echó atrás, el pueblo pasó a exigir la renuncia del presidente. La reacción fue una  represión  tan dura que pareció una guerra de exterminio del otro. En este contexto se desarrolla la novela Palacio quemado de Edmundo Paz Soldán. La idea principal de la novela se inspira en la existencia real de Irving Alcázar, asesor personal del presidente encargado de escribir sus discursos. Paz Soldán se inventa a un personaje Oscar para recrear las circunstancias en las que el asesor participa. A su vez nos describe la vida personal de Oscar que tiene un padre con ideología fascista, una hermana socióloga de ideología izquierdista y de su hermano Felipe que se suicidó aparentemente por discrepancias con el padre.  El trabajo de  Oscar se realiza en una oficina del Palacio de Gobierno. Este palacio es visto como un recinto encantado, escenario de golpes de estado y linchamientos de anteriores presidentes como Villarroel. Desde la mirada de Paz Soldán, el palacio está poseído por el demonio. Es una especie de Hotel con vida propia como en  El resplandor de Stanley Kubrick:
 
Pensé que vivía en un palacio encantado. El maleficio de la historia jamás le daría sosiego. El país se había construido con base en la represión y sangre. En el momento más inesperado, lo reprimido retornaría y terminaría por devorarnos. Nosotros, los habitantes del Palacio, nos  creíamos los poderosos domadores de la bestia, pero en el fondo quizás no éramos más que carne fresca que de cuando en cuando se le da a la bestia para que ésta se sacie, al menos por un tiempo. Una bestia herida y desconsolada, las más de las veces impotente, pero capaz de arrasar todo a su paso si se la provocaba mucho.  (Paz Soldán,  2006,213.)
 
O sea que “el Palacio Quemado” no es sólo un edificio muerto; es un personaje protagonista principal. Pero lo que llama la atención es el tratamiento literario de los  políticos como seres humanos con dilemas morales, como el presidente Nano Canedo  (Sánchez de Lozada), un extraño animal híbrido en el que Oscar se mete para tratar de comprenderlo desde adentro, como un hombre que se sacrifica por el país pudiendo haberse dedicado sólo a su enriquecimiento personal:
 
Esa misma tarde me llamó a su despacho. Lo encontré cortándose las uñas. Tenía la mirada cansada. Noches de desvelo, pensé, de sentir la ingratitud de un país que no le había recibido como un héroe a su retorno al Palacio. Como si no le hubiera sido más fácil abandonar la política y dedicarse a sus negocios. Podía controlar sus empresas mineras desde Washington o de Miami. Pero no: sus padres le habían inculcado esa necesidad de entregarse al país donde le había tocado en suerte nacer. Lo suyo era un noble acto de desprendimiento y algún día eso se vería reconocido; quizá no en el presente, pero para enderezar las impresiones equivocadas estaba la historia  (186). 
 
También está el vicepresidente Carlos Mesa, a quien retrata como una persona moralmente intachable, aunque más interesado en comentar películas que en gobernar. Por otro lado se describe la política del ministro de Interior Sánchez Berzaín  “el Coyote”, un individuo sin escrúpulos morales y con quien a pesar de ello, Oscar se identifica por ser coherente en la defensa del orden, sin considerar los altos costos en vidas humanas. Aquí tenemos ya un rasgo psicológico de Oscar que se presenta como un asesor presidencial esperando modificar con discursos la realidad social del país, pero que en el fondo es igual que su padre, es decir, una persona con ideología fascista. Bajo el pretexto de que sus escritos no expresan ni deben expresar lo que él cree sino lo que los otros creen, es capaz de acomodarse a los cambios de gobierno. En este sentido, se da cuenta, luego de que sus amigos han pasado al bando contrario, de que es capaz de escribirle también los discursos a cualquiera (incluso a Evo Morales). 
 
Estamos aquí ante un tema ya explorado en la literatura latinoamericana. Se trata de aquellos individuos cercanos al poder que no queriendo ser cómplices se sitúan en una situación ambigua bajo la justificación de la neutralidad del escritor. Se puede citar el caso de Guerra en el fin del mundo, de Mario Vargas Llosa, donde también un periodista quiere describir lo que sucede justificando su distanciamiento en una ética neutral. También se puede citar la novela de Alberto Fuguet Tinta roja, donde otro periodista se hace de la vista gorda ante crímenes que desde otra perspectiva pueden ser vistos como crímenes políticos. En la novela de Paz Soldán, los crímenes políticos cometidos por los  neoliberales no pasan de ser intentos de progreso social (desde su punto de vista, claro). Ellos  se ven más bien como personas “civilizadas” que tratan de poner orden en un país de “salvajes”. Es interesante recordar lo que señala el filósofo Tzvetan Todorov acerca de la idea de que estamos ante una inversión de la oposición entre civilización y barbarie. Según él, en realidad son los “civilizados” los que en el fondo cometen verdaderos actos de barbarie: “Tratar a los demás como no humanos, como monstruos y como salvajes es una de las formas de esta barbarie” (Todorov, 2013, 35).
 
Al trabajar junto con los gobernantes supuestamente civilizados y defensores de la democracia, Oscar se siente parte de la represión pero no quiere aceptarlo. Por eso recuerda a Felipe que habiendo decidido luchar contra los fachos como su padre, decide ser consecuente y coherente, aunque eso le cueste le vida. Al final de la novela, cuando los criminales huyen del país, Oscar decide quedarse en el país asumiendo su responsabilidad moral en lo sucedido. Esto hace pensar que sigue el ejemplo de su hermano, lo cual le reivindica de su pasado, igual que Natalia, su compañera, que hacía negocios con el “Coyote” (negocios increíbles como la venta  de chalecos antibalas ¿esto significa que se producían artificialmente protestas sociales con el fin de lucrar con la venta de armamento?).  Junto con el reconocimiento de su complicidad con los crímenes, Oscar reconoce su impotencia como escribidor de los discursos del presidente:
 
Constaté  con angustia que aunque ya era muy consciente de que mis palabras no servían de nada, de que las palabras no servían de nada, de que el lenguaje no servía de nada, de que quizá para lograr que el presidente se comunicara con el pueblo debía inventar otro lenguaje que no pasara necesariamente por las palabras (176).
 
O sea que Oscar se parece a Habermas con su filosofía del consenso comunicativo, como  si la racionalidad lingüística bastara para apaciguar y resolver por sí sola los conflictos por el poder político. Evidentemente en un país como Bolivia, la fuerza sustituye a las palabras.  La democracia suena hueca cuando se intenta vanamente modificar los hechos con discursos. En realidad Oscar, y así lo reconoce, actuaba guiado por ideales puramente lingüísticos inspirados en su conciencia de escritor ingenuo liberado de responsabilidades: “No se trataba de dilucidar si la violencia justificaba el fin; había que aceptar que ésta podía existir a la hora de defender las ideas, y ver si éstas justificaban la violencia y responsabilizarse de ella” (246).
 
Conclusión
El tema de la memoria y el olvido se plantea en Paz Soldán de dos maneras. Por una parte en su novela Sueños digitales se trata de concebir la identidad de una nueva generación de bolivianos ya no en función del pasado, los archivos históricos o su adscripción a instituciones sociales, sino más bien en función de necesidades políticas del presente como la reelección presidencial. En esta redefinición de la memoria individual y colectiva las nuevas tecnologías digitales desempeñan un papel fundamental produciendo el olvido de la época de las dictaduras militares. Por otra parte, la memoria y el olvido se replantean en Palacio quemado como una inversión de la dicotomía entre civilización y barbarie. La supuesta democracia que se plantea como superación de las dictaduras militares no es más que una nueva forma de barbarie, es decir, más de lo mismo. La obra narrativa de Paz Soldán devuelve entonces su papel crítico a la memoria como imposibilidad de olvidar el pasado. En otras novelas de Paz Soldán se plantea también el tema de la imposibilidad del olvido. Es así como en Los vivos y los muertos, los habitantes de una comunidad estadounidense no pueden borrar de su memoria aquellos que murieron a consecuencia de una serie de asesinatos. En esta memoria colectiva como en cualquier otra (no importa el lugar) el recuerdo de los que ya no viven constituye un tema recurrente en la identidad de los personajes.
 
Tanto en Sueños digitales como en Palacio quemado se trata de la construcción o invención de una realidad. Decíamos al principio de este trabajo que estamos ante una doble ficción, ya que en la medida en que Paz Soldán recorre la historia reciente de Bolivia no lo hace como historiador. Esto significa que recurre a una idea de la novela como autorreflexión ,  se trata de  acentuar el acto de ver que es tan importante como el objeto visto y la representación tan importante como lo representado. Dado que Paz Soldán escribe novelas de ficción  inventa realidades que aunque tienen semejanzas inevitables con la  vida real, se puede decir parafraseando a Stevenson, que de lo que se trata es de subrayar las diferencias inconmensurables con ella. Vale la pena mencionar la novela Río fugitivo porque aquí de manera similar se plantea la diferencia de lo real y lo inventado. Es así que detrás del nombre de una ciudad imaginaria (“Río fugitivo”) se describe la vida de una familia de clase media en la ciudad de Cochabamba. En esta novela los padres se caracterizan también con una ideología racista y de adhesión a los partidos de derecha. El contexto de esta novela nos remite a los primeros años de la democracia (1982-1985); sin embargo, la lectura no se reduce a lo histórico sino a un universo propio, es decir a una invención de una realidad que requiere códigos de interpretación no necesariamente idénticos con  la vida real. 
 
O sea que en la obra narrativa de Paz Soldán no se trata de puras ficciones sin referencias con la vida real. Tal como hemos visto, el autor somete los datos históricos a un discurso muy parecido al novelesco. De ahí el uso de nombres propios que corresponden a personas reales (como Hugo Bánzer y Sánchez de Lozada) o a hechos registrados en notas periodísticas como el proceso electoral o la represión de octubre. A este proceso de producción discursiva se le puede llamar metalingüístico o autorreflexivo.
 
La referencia a los discursos de la prensa y las notas periodísticas cumplen una función importante para revelar los vínculos del poder y su participación en el exterminio de los opositores. Se puede afirmar que este aspecto metalingüístico o autorreflexivo alude a un contacto con el lector.  Se trata de tomar posición frente a los acontecimientos narrados. La ficcionalización entonces tiene un carácter testimonial en la medida en que no deja al lector en una situación de indiferencia frente el entorno político y social. Es así como se desarrolla el proceso de refiguración del texto que según Paul Ricoeur, resulta indispensable para completar el acto de interpretación literaria (Ricoeur, 2001). La refiguración constituye la tercera aplicación del círculo hermenéutico. Se trata del momento interpretativo en donde el lector se hace preguntas dirigidas a buscar un significado en la relación entre la estructura del texto y el sentido y la función que cumplen los distintos elementos que configuran el texto.
 
En este momento nos concentramos en la relación entre el mundo del texto y el lector. En este punto del análisis, el mundo del texto se abre al lector. La intencionalidad de lo que aparece en el texto es, en este paso, el objeto de la interpretación. Ahora, lo que procede es preguntarse por las motivaciones de lo que figura en la narración. En este momento de la interpretación, las preguntas que sugiere el texto son múltiples, dado su carácter polisémico. De esta manera, cada lector puede aplicar su creatividad para plantear las preguntas que sirvan en la comprensión profunda de las acciones humanas representadas en el texto. No obstante, es necesario recordar que la interpretación tiene límites que son los que el mundo del texto nos proporciona. Es decir, no podemos hacer decir al texto lo que no está dentro de su mundo. Este intento de comprenderlo, nos conduce a revisar su trayectoria durante el desarrollo de la historia. En esta relectura, encontraremos elementos de juicio que apoyen la interpretación que hagamos.
 
Este trabajo del lector resulta formativo, en diferentes aspectos, pues aprende a realizar una lectura atenta, aumenta su capacidad para relacionar los diferentes acontecimientos, los rasgos de la personalidad de los personajes, el contexto que nos ofrece el texto, etc.  Hay que subrayar este momento re-figurante en el que el lector reorienta su propia visión del mundo, mediante la fusión de horizontes entre el mundo de la narración y el propio del lector, que logró a través de la interpretación del texto. Este momento se centra en el lector. Esta fase de la interpretación surge al considerar que la lectura del texto literario es la vivencia de una experiencia de vida con la cual podemos identificarnos, ya sea por la simpatía, la admiración, la risa, la emoción, el asombro, la conmoción, el llanto, etc. En el texto hay un modelo de mundo que, como vimos, puede servir como laboratorio de la vida.
Este mundo tiene efectos en los lectores, para construir la identidad mediante la crítica o la valoración de aspectos humanos que aparecen en el texto. Es una experiencia que se basa en el papel del lector en la construcción del sentido del texto que está leyendo. Esta participación es posible porque el texto se abre hacia el lector como un nuevo mundo. 
 
 
PONENCIA PRESENTADA EN EL XL CONGRESO DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE LITERATURA IBEROAMERICANA, REALIZADO DEL 9 AL 12 DE JUNIO DE 2014 EN LA CIUDAD DE MEXICO D.F.
Bibliografía
Baudrillard, Jean (1996). Crimen perfecto, Anagrama, Barcelona.
Bauman, Zygmund (2005). Identidad, Losada, Buenos Aires.
----------------------- (2008). Mundo consumo, Paidós, Buenos Aires.
Boullosa, Carmen (2006). La novela perfecta, Alfaguara, México.
Habermas, Jurgen (1987). Teoría de la acción comunicativa, vol.1, Taurus, Madrid.
Paz Soldán, Edmundo (2000). Sueños digitales, Alfaguara, Madrid.
-------------------------- (2006). Palacio Quemado. Alfaguara, Miami.
------------------------- (2009).Los vivos y los muertos. Alfaguara, Madrid.
------------------------- (2008). Río fugitivo. Nuevo Milenio, Cochabamba.
Ricoeur, Paul (2001). Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica II. FCE,  México.
 
Todorov, Tzvetan (2013). El miedo a los bárbaros, Galaxia Gutemberg, México.
Vargas Llosa, Mario (1981). La guerra en el fin del mundo, Seix Barral, Barcelona.
Watzlawick, Paul y otros (1990). La realidad inventada, Gedisa, Barcelona. 
 
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