Literatura
 Fecha:03/04/2016

Rodrigo Hasbún y el Cine
El Reflejo como Tension Creativa
Por Ada Zapata Arriarán

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I. Hablemos del coqueteo del lenguaje cinematográfico imaginando otras ficciones en la obra literaria de Rodrigo Hasbún. Su obra es profundamente visual, por lo tanto  puede flirtear con la cinematografía. Se puede hablar no de una traducción, sino de la necesaria traición a la obra primigenia. Puntualicemos: también la traición en términos de géneros literarios. No pocos cuentos de Rodrigo están concatenados y son gérmenes de una historia mayor. Pienso en Ladislao que da curso a El Futuro y a Reunión en Los Días Más Felices. Reunión que se encuentra previamente en  Cinco anticipando el  inicio de la obsesión. Por otra parte toda la obra podría ser una sola novela de nombres intercambiables: esa gran familia que es la naturaleza humana. Lleguemos así a  gestos repetidos y constantes preguntas que movilizan el cuento y la novela del autor. Desembarquemos entonces en Los Viejos, película adaptada de La Carretera (Cinco), guionizada por Bouloq y el propio Hasbún. 
II. Ciertamente Hasbún adopta varias voces generando un conflicto creativo,  ya  que fantasmal aparece el tono del mismo narrador introspectivo. Sombra  que trata de distanciarse sin poder deshacerse de sí misma. Tal vez por eso los personajes de Hasbún  se miran en el espejo, también distantes de sí mismos. Algo similar acontece  en Los Viejos donde la cámara narra en silencio, como un médium, la interioridad de los personajes atrapados en el reflejo.  En contrapartida, el autor crea su propio clon, el personaje Rodrigo. En Álbum (Cinco) es una figura de poder que moviliza la escritura de Alejandra, su pareja. Ambos, escritores que construyen sus propios símiles literarios. Alejandra esta celosa del personaje femenino que ha ideado Rodrigo.  Perturbador gesto de Golem es dar vida a lo que esta inanimado, dar cuerpo y sentido a la palabra: El Golem, esa figura de arcilla animada por la cábala, que escapa al control del creador provocado desacuerdos y catástrofes. 
III. De este tic de espejo reproductor se desprende la figura del profesor de literatura y la excitada pareja de alumnos narrando a través de fotografías o videos. El patriarca está en Familia y en El Lugar de las Perdidas (Los Días más Felices). Él está en Syracusa(Cuatro)  estimulando la escritura de otra pareja que termina destruyéndose mutuamente. Curiosamente, liberándose en El lugar del Cuerpo, el poder  se sitúa en el violado cuerpo de Elena. “Somos monstruos, somos dioses” dice la anacrónica escritora en ese mohín biográfico, del diario y la novela, donde da perversa vida a  su pálida historia familiar. 
IV. Contestando a esta estética surge la puesta en abismo de Los Viejos. El film  se regodea en cuadros dentro de cuadros, ventanas dentro de ventanas;  perspectivas donde se mira al que se mira: el personaje frente al espejo. Anémicamente, sin embargo, inhibe el repertorio de la descarnada exposición sexual que se apodera de los cuerpos en Hasbún: el sexo que reproduce gente.  Contagiada por Los Viejos y sus escenas documentales de dictadura, pienso que en la futura película de Valdivia, inspirada en Los Afectos,se verá el documental o la fotografía: vestigios de Hans Erlt tras la derrota de Alemania. Se podrá acaso, desplegar ese acto de escritura a través de la imagen donde el cine se ve en el cine, la imagen hablando de la imagen.
V. En El Lugar del Cuerpo Elena pregunta “¿El trazo importa más que lo trazado? Vivir para escribir la vida o escribir para entender la vida”. Otro rasgo significativo en la obra  de Hasbún, es la deliberada indistinción entre realidad y  ficción: la simulación. Simular para exorcizar la insufrible realidad: “aunque la vida también es simulada” concluye un personaje de Familia (Los Días Más Felices). No es otro el afán del fotógrafo Hans Ertl (Los Afectos), cuando finge un incendio en la selva para recomponer el documental del mítico viaje familiar en busca de Paititi. En Los Viejos la indistinción es la constante, el lenguaje de correspondencias esta deliberadamente intervenido. Con voces y acciones fuera de campo, se fragmenta el cuerpo de los personajes. Esa sensación de incomodidad nada tiene que ver con el realismo del lenguaje cinematográfico clásico.
VI. En Hasbún inquieta la noción de reflejo entre padres e hijos. El temor a envejecer o el deseo de regresar a la infancia, es también el terror de ocupar el lugar de los padres. En Los Afectos Monika se casa con un hombre que tiene el mismo nombre del patriarca, y Trixsi termina ocupando la identidad de la madre. Los personajes en Los Viejos son jóvenes, envejecidos por el miedo a parecerse a los padres. La Ley del Padre se transfigura en la aplastante sociedad y el estado. El parricidio y el  filicidio edípico; otro y el mismo es el temor a la muerte y la enfermedad permeando los cuentos. 
VII. Así se levanta el fantasma de la guerra. En La Selva, ante una ruptura amorosa, con sobresalto, el alucinado narrador siente mimetizarse en un, viejo y drogadicto, paramilitar perdido en la selva de un pasado violento. El Fin de la Guerra se equipara la atmosfera opresiva de la segunda guerra mundial con la rendición de un hermano entrando la edad del matrimonio y la estabilidad. Estos cuentos en Los Días Más Felices se acomodan perversamente a Los Viejos, donde la memoria de dictadura boliviana es pesado reflejo de la dictadura familiar. La rendición, el fin de la guerra donde todo empieza a depauperar, toma cuerpo en la sombra de la posguerra que acompaña a la familia Ertl, en la íntima historia de Monika,  encontrando vitalidad y muerte en la guerrilla del Ché (Los afectos).
VIII.  A modo de conclusión, sin duda en la  obra de Hasbún hay una migración que se desarrolla en el interrogante cuerpo. Querer ser otro, huir del propio cuerpo, distanciarse de sí mismo… Huir de la pareja, de relaciones destrozadas, huir de la familia. El detonante de toda migración  es siempre un accidente familiar, la muerte de uno de los miembros de la familia, la traición o el incesto. Salir, huir del país para reinventarse, para ser otro: El viaje siempre detonado por el accidente familiar, por la fatalidad familiar.
 
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