Poesía
 Fecha:12/09/2016

Heberto Padilla
El Suspendido Oficio del Poeta
Por Ada Zapata Arriarán

Heberto Padilla
- Heberto Padilla
Heberto Padilla
Heberto Padilla, desenvuelve  un motivo central que es el oficio reprimido del escritor. Vuelve varias veces  la mirada al paradójico hacer del poeta.  En el poema La Visitante, se queja: “Mi absurda persuasión abriéndole cada noche la puerta;/ pero la poesía no entra.”
En el poema Los  Alquimistas, se estrega al desencanto que cae sobre la palabra, aquella que sin embargo es capaz, en acto reflejo, de vislumbrar su propio vacío: “Cuando la magia estaba en bancarrota (…)ellos cogieron una idea,/ una formulación rabiosa de la vida/ y la hicieron girar (…)como una puta vuelta a violar entre los hombres,/pero ya  de la idea sólo quedaba su enemigo”
 
Inserto o atrapado en la historia,  ahogado en la imposición de las demandas políticas de su tiempo,  En Oración para el fin de Siglo, el poeta dirá: “Gesticulamos en un espacio más restringido  que le de las líneas de un grabado”.
En Los poetas Cubanos ya no Sueñan,  salta a la vista el peso del control panóptico, el diagrama de poder  restringiendo el cuerpo y el deseo: “Van a cerrar la puerta para poder escribir a solas/ cuando cruje,/ de pronto/ la madera/ el viento los empuja al garete;/unas manos los cogen por los hombros/ los voltean,/ los ponen frente a otras caras”.
 
En Dicen los viejos Bardos, padilla subraya: “No olvides poeta./ en cualquier sitio o época/ en que hagas o en que sufras la Historia,/siempre estará acechándote algún poema peligroso”.
La lucidez desencantada de Heberto Padilla lo lleva a reencontrarse con revolucionarios en el poema Sobre los Héroes, refiriéndose a los propulsores del régimen castrista como a   aquellos  que imponen el comportamiento de una “furiosa esperanza” sin libertad. Estos héroes dirá: “Modifican a su modo el terror./ y al final nos imponen la furiosa esperanza”. 
 
El poeta muestra su propia geografía afectiva, valientemente,  considerando su  adverso entorno político. En Mis Amigos no Deberían Exigirme,  la subjetividad poética nos dirá: “Que de una vez aprendan que solo siento amor/ por el desobediente de los poemas sin ataduras”. 
 
En Poética  el verso  meta-poético, se vuelca sobre si mismo, para mirarse en el espejo de la voluntad del obrador. Profiere incluso el procedimiento de una estética trascendente más allá de cualquier acierto ficcional. Para defender  ideas que aproximan el poema al espacio de la revelación de su crisis y su tiempo, convocando al contacto con la realidad, impulsará: “Di la verdad./ Di, al menos, tu verdad./ Y después/ deja que cualquier cosa ocurra:/ que te rompan la página querida/que te tumben a pedradas la puerta,/ que la gente/se amontone delante de tu cuerpo/ como si fueras/ un prodigio o un muerto”.
 
Igualmente  en El único Poema: “Entre la realidad y el imposible/ se bambolea el único poema, Retenlo/ con las manos, o con las uñas, o con los ojos (…) Dale rechazos que vencer”. 
 
En el poema A José Lezama Lima, el poeta se atreve incluso a imprecar con humor  al escritor aurático de Cuba, que luego sería jurado del Premio Julián del Casal 1968, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) : “Me detuve a la puerta de su casa/para gritar que no/para advertirle/ que la refriega contra usted ya había comenzado(…)¿Y qué pude hacer yo,/ si en su casa de vidrio de colores7 hasta el cielo de Cuba lo apoyaba?”. 
 
Algunos poemas descriptivos y narrativos, buscan el paisaje “de estos tiempos de guerra”, y el desenmascaramiento de toda posible hipocresía, incluso la suya, como el dedicado a la pintora Antonia Eiriz, donde la figura del demagogo aparece absorbiendo al propio poeta en la pintura: “al menos, yo me he reconocido/ en el montón de que me saca todavía agitándome(…)Esos demagogos que ella pinta,/que parece que van a decir tantas cosas/ y al cabo no se atreven a decir absolutamente nada”.
 
En Paisajes, leemos  entre “los verdes o rojos o amarillos, descarnándose con el agua” esta crítica al imperio transnacional: “Se pueden ver a lo largo de toda Cuba(…) El viento arranca los letreros de Coca-Cola./ Los relojes cortesía de Canadá Dry están parados/en la hora vieja/Chisporrotean, rotos bajo la lluvia, los anuncios de neón./ Uno de Standard Oil Company queda algo así como/S   O  Compa Y/ y encima hay unas letras toscas/ con que alguien ha escrito PATRIA O MUERTE”.
 
No se puede negar el gran pesimismo que embarga al escritor en El mundo de Bajo fuego. La obra es un espacio de desaparecidos, en La Vuelta por ejemplo se toca el tópico del no regreso, del exilio definitivo: “Ya eres el personaje que observa, el rencoroso, / cogido irremediablemente, por lo que ves/ y mañana te será tan ajeno como hoy lo eres/ a todo lo que paso sin que fueras capaz /  de comprenderlo”, sucede lo mismo con el desarraigado vacio que hunde a la propia familia,  en Los que se alejan siempre son los Niños: “Hasta que ni siquiera su padre los puede oír”.
 
Rechazado con el argumento de ser una obra ideológicamente contraria a la revolución cubana,  el Premio Julián del Casal 1968, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) fue publicado a desgano. Acusado de contrarrevolucionario,  Padilla aboga en la obra por  ser individual, defiende al hombre frente al acoso de las demandas colectivas que se transforman en atroces imposiciones históricas y políticas.  De la misma forma Heberto Padilla,  pide un contacto enardecido  con “la ambigua realidad y el imposible”,   para dar contenido a una autonomía literaria.
 
Finalmente Fuera del guego, expondrá con ironía : “¡Al poeta despídanlo!/ este no tiene aquí nada que hacer./ no entra en el juego/ no se entusiasma./ No pone en claro su mensaje(…)Encuentra siempre algo que objetar (…)Echen a un lado al aguafiestas,/ a ese malhumorado del verano (…)Siempre/ le sedujeron las andanzas/ y las bellas catástrofes/ del tiempo sin historia”.
 
De esta forma, desde el umbral de la palabra y su duda, observamos  el desencanto del que fuera entusiasta de la revolución cubana y se transformó en crítico al régimen de Fidel castro.
 
 
Heberto Padilla
(1932–2000)
 
Fuera del juego (1968)

 

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