Poesía
 Fecha:19/12/2017

Imperio de Miradas
Me sé exiliado en el país de tu sangre...
Por Sergio Alarcón Beltrán

Sergio Alarcón Beltrán
-Sergio Alarcón Beltrán
Sergio Alarcón Beltrán
 
 
EMERJO DESDE MÍ
 
Y hundo la mano y cojo el grano incandescente
y lo planto en mi ser: a de crecer un día.
Mutra.
OCTAVIO PAZ.
 
 
 
 
… emerjo desde las profundidades
de mí, desde los fragmentos que sé
se agolpan en la ribera de sangre,
de la cantera de diamante, emerjo,
como el ave del sexo de dos aves,
 
emerjo hacia dentro, abro los portones
intangibles de la frente, me llamo
a gritos, me busco sobre crepúsculos
páramos, me sé de voces, me escucho,
converso, soy amigo de mis labios,
 me sé en mí, en mi equipaje fiel
de huesos, valle de la carne, Éufrates
de sangre donde florecen ciudades,
la arquitectura de la nave, carne
que todos reconocen, más no saben,
rostro que llora, risa etérea, luz
herida, grieta en calles, sufrimiento
decadente, cuerpo magno, singular 
obra maestra presa en fauces terribles
de ansiedad, carne que arde a fuego lento
la opresión fatal de gris miseria,
senda de espinas, caterva del miedo
que despide el hedor de un muerto, fuente
de lamentos, refugio de serpientes,
as de cuervos, cetro de dolor, piedra
donde el hospedaje del musgo es cuerpo
donde anida la rabia de las bestias,
el engendro infecto arrojo del sitial 
del pensamiento, lo incinero en nítido
cristal de espejo, en la relojería
precisa del sabio tiempo, en papiros
filosóficos de ojos que en su cauce
indagaron en la beligerancia
ofensiva de los muertos, la vida
y la razón del éxodo en los cuerpos…
 
cruzo el puente y salgo de mí, pantano                                        
de mojado mangle cantan los deseos 
de la carne, 
                     soy puerto, de mí parto,
destruyo las amarras que me ataron,
parto hacia mí, al pináculo, viajo
lejos de mi sangre, mi cuerpo es flor
de primaveral canto, vuelo en busca
de notas más intensas, las invento,
fundo el instrumento, la sinfonía
entonan los actores de mi frente,
soy mi teatro, mi libreto, ardo humildes
artificios, sueño, diseño mi cetro,
forjo en la perseverancia del sol
el canto puntual que escala las cumbres
más altas de los pasos, me corono
con guirnaldas abejas de constancia,
juego con la luz que llueve en el rostro
la sonrisa de lúdico bisoño,
trepo el péndulo feliz, me columpio
en las jugueterías de la frente,
observo una flor, siembro un sueño, riego
el surco, escardo las yerbas que sombra
hacen a los sueños, sorbo diamantes
de aromático cafeto, consagro
a mi cuerpo, los sabores frutales
de las flores, la dorada fragancia
de los trigales forjada en el fuego
de las panaderías, morenía
humeante de cacao, amante rostro
de las vidas que de las fuentes jades
sorben la argamasa nívea del maíz,
soy de nube, soy del fruto que muerdo,
del manantial que alimento la sed
son los peces que danzan en la fuente,
soy quien vive adentro, 
                                        soy de tus besos,
sólo me pierdo si salgo de mí
y me traslado sobre el erotismo 
de tu cuerpo, cuando arribo al manantial
de dulces senos, al placer la vid
racimos de tu sexo, cuando afino
en la desnuda piel, tu cuerpo, cuando
las manos y las llamas del sol nupcial,
encantan las aves, trina el incendio,
gime tu sangre, detona en concierto
cuando borda el beso, cuando la sangre
es el mismo río que arde en tu cuerpo,
cuando el tiempo corona en lo supremo
el viaje por los cuerpos y la sangre
destella, la fragancia del incienso,
y me despueblo de insignias y rezos,
de metales preciosos que proyectan
la vanidad y la miseria, viajo
descalzo con el cuerpo a cuestas, libre
como pez en un cardumen de espejos,
 
de las alturas el águila observa,
evade las parvadas de mirada 
carroñera, evade las trampas, la idea
anclada en subjetivas piedras, viajo
cuestionando, convivo con la muerte
que perfuma la acera, abono luz
a las orquídeas de mi acera, peces
nutren el viaje a la conciencia, vuelo
hacia adentro, nunca hacia afuera, volar
fuera es ley de inercia, es ser hoja seca
que el viento arrastra, la marea, corono
la ignorancia de belleza, la vida
brilla como del ojo las estrellas,
luna llena, la palabra hechizada,
la voz de seda, 
                         soy de sangre ungida
de grandeza, la fuente cristalina,
soy de fuego, viajo desde mi cuerpo
que soy de estrella, parto de mis velas,
navego con brújula, amo la estética
de mi carabela, navego a solas
por la mar etérea, 
                              soy un gigante
… emerjo desde las profundidades
de mí, desde los fragmentos que sé
se agolpan en la ribera de sangre,
de la cantera de diamante, emerjo,
como el ave del sexo de dos aves.
 
 
 
EL PEZ
 
 
El pez
bruñe la plasticidad del agua
la transparencia del ojo 
la arquitectura de sangre
alucina la mirada
catedrales de fuego
forjan el misterio hundido 
tras oleaje de esferas blancas
el velero, colorea en ojos, el ocaso
lúdicos colores, el vuelo de aves
desteje y teje, más allá de la tarde
la obsidiana, la luna intacta
el cardumen danza
ordena de inefable e incontable matemática
la estética, el arrecife en llamas
la vida en infinitas formas 
estalla, desova al tiempo, se derrama.
 
 
 
 
CANCIÓN DE LLUVIA
 
 
Afuera llueve. Cantan los violines
de la lluvia. Los jardines, los campos
escuchan complacidos, la sinfonía
que escurre, por los poros del terrario.
 
El sol, tributa en luz, sus amorosos
brazos. Detona sueños, la epidermis
de los enamorados. El frondoso
árbol, de sangre se reinventa a diario,
brota la vida. El canto de la lluvia,
besa el barro plumado del tejado, 
cae sobre esbelta espalda de los días,
la fértil cabellera de cristales.
 
Afuera llueve. Adentro, rara vez
se interpreta, el concierto de los labios.
En alas del tejado, las urgidas 
manos de un binomio mortal de cuerpos
enlazados, borda el tiempo que escapa
de los cuartos, entre la sensualidad
del beso y el suicidio de los días 
y los años, la ausencia del orgasmo.
 
El muro en el reloj y el calendario,
miente al ojo, la fecha y el horario,
sin embargo, el amor, prescinde, abdica
maquinarias precisas de opulencia,
relojería de constelaciones
donde el hombre predica, fantasías
de zodiaco, factoría de inválidos
y ciegos, la infértil ciudad del cráneo.
 
De ésta sustancia fui moldeado, de ésta
patria sin voz, ni nombre, de cavernas
de la noche, de la grieta, del rayo
y el dolor de parto, de las parteras 
manos y la fiel labor del bisturí,
del grito de la madre y la alegría
y la ansiedad del reloj en la sala
de espera, del último pujar vino,
la erupción ensangrentada, el llanto
como herido, el ombligo cercenado
por el filo, el hijo, mi hijo, tus hijos,
la niña, los gemelitos, el niño
que murió en el parto, el sin madre,
el sin padre, el abandonado en calles
de frío, el ilegitimo, el sin ser
deseado, el negado por los espejos
y el calor del buen hogar, el cunado
en hilo fino, el siempre amantado
en senos amorosos y el reboso
esplendoroso de la vía láctea.
 
En el rostro de los patios, idéntica,
una fuente de sueños danza, juega
un trenecito, sin vía, ni puerto
en el horizonte de los caballos
oxidados, racimos de sonrisas
en los prados y la voz de los años
y el ladrido de los famélicos perros
aullando, después de múltiples décadas,
que saben, como lápida en los labios.
 
Do el beso de la lluvia y la solvencia
de tu rostro, ciñe al cauce de sangre,
tu nombre, la filigrana festival
de la ribera, las alas que baten
del amor, las primaveras. El puente
que de lo fértil de la sangre, brota
de tus ojos a los míos. Artificio
de arcoíris que de mármol esculpe
las columnas de los sueños, la estética
de los cuerpos, el rostro de la vida
en los desnudos pétalos del beso,
el vuelo, la fantasía del tiempo,
el árbol de fuego, la estrella de amor,
que envuelve, como el sol, la geografía
de los cuerpos, emergen de la carne
humedales y parvadas de jadeos,
danzan las manos con la armonía
de la bailarina sobre las puntas 
de sus dedos, recorriendo entre llamas,
la arquitectura musical, tu cuerpo,
danza el viento trémulo, danza el fuego,
irrumpe el lenguaje onomatopéyico,
danza la lengua, la ciudad florida,
el espejo, danza la luna, danzan
las luciérnagas, danzan las horas
en la piel del beso, danzan estrellas,
danza la mar, danza el viento en el trigal,
danza la lluvia en el jardín, danza el amor,
la mazorca desgranada de verdad,
danza el tiempo en el reloj y la sombra,
el sol, hasta vencer el muro negro
de la noche y las arrugas cansadas
de la fe, danzan años en el beso,
danza la memoria, danza la voz
en plenitud ocaso del velero.
 
Transcurro adentro, libre como el vuelo
del águila y las naves en las regiones
del cielo, me reinvento en el espejo
y caigo en las mandíbulas del hombre
como centella de interrogaciones,
me duplico en el balcón, me fragmento 
contra el muro del tiempo, caigo al filo, 
como en fauces el ciervo, como un grito 
ante la flecha prendida en el pecho,
como un rayo extraviado en la tormenta
noche de los pájaros, como el trueno
en oídos replicando, como el eco
en las galerías de la soledad,
como mil cuchillos atravesados
en el rostro del árbol, como fina
guillotina, el tren del viaje, la angustia,
repetida imagen de miedo, cruces
en la enlutada sangre del sendero,
envuelto en tul, el sufrimiento, el pez
en el anzuelo, lago de tormentos
en la soga de todos los instantes
y los días postreros, el destierro
de las manos, el dolor que cruza
la frontera de los sueños, desgrana
los ojos en la vertiente vertical
y el futuro incierto del deseo, viajo,
caigo y sigo, pienso, avanzo en durmientes,
en el tren y los desiertos de sed,
abrevo, persisto en el intento, entro
en mí y me traslado al horizonte,
trepo las rocas escabrosas, cuelgo
de mis manos, como racimos cuelgan
del viñedo, me pertenezco, soy 
liana que acaricia el vértigo, el viento,
trepo la pared doble de mil puertos,
acaricio el podio que no invento,
muero en ansiedad y vicio el tesoro
de la vida alcanzado, y ya vencido,
me postro en multitud de santo yeso,
atado al dogma y la plegaria inerte,
invierto la red en ríos sin peces,
converjo en el cristal de los espejos,
desconozco mis facciones, las máscaras
quehabitan como arañas y serpientes
en la gruta de los labios, escucho
las campanas del insomnio, los perros,
el búho de presagios en el cuello,
caigo en el destierro, mis manos lavan
fina loza y pulen los cristales 
rascacielos, mi nombre de lamentos.
 
Caen los días, cae la noche, cae el cuerpo,
cae el árbol ante el hacha, cae el sol,
cae el hombre ante el filo invertido 
de sus actos, todo cae, cae el fruto,
caen sueños en la boca del fracaso,
caen los imperios y cae el dictador,
caen castillos de mármol y palacios
por el peso rotundo de los años,
cae la piel en las arrugas, sucumben
los pasos en el bastón de lento andar,
vuelvo al principio, al pie de incierto paso,
todo vuelve al origen, la ola vuelve
en lluvia y río a ser mar, vuelve en lágrimas
la sangre a llorar y retorna el cuerpo 
al polvo y la utopía de la verdad,
sólo quedan los zapatos perdidos
en la arqueología de los hechos,
la moneda de siete amos en pleito,
el perpetuo olvido en los espejos,
la corbata raída del recuerdo, 
la fragancia del incienso en ropas 
sin piel, sin cuerpo, el cigarrillo en humo,
en el luto de los muertos que entierran
a sus muertos, la torre de lamentos,
la colina de las crucifixiones,
el valle del sufrimiento, la grieta
donde escurre la manzana del deseo,
el desierto contiguo al oasis, al mar
muerto y los desfiladeros del tiempo,
la babel de mudos, la algarabía 
del silencio, la mudez del mausoleo. 
 
Reconstruyo la arcilla de mi nombre
en la estación que zarpa del fuego,
me reinvento en el marco de tu cuerpo,
en el canto de labios que me narran,
en el feroz arrebato de tus uñas
clavadas en mi plexo, en la pradera
y la lluvia de labios en las llamas
de mi cuerpo, la fuente de tu cuerpo
en mis dedos, el océano erguido
como fértil cardumen de alfabetos
en tu vientre, nos reinventa el fuego,
siembra la vista y el beso, el devenir
del hombre en los espejos, en el reloj
la raíz abreva, florea el sauce 
adentro, da fruto el cincel, los ojos
del árbol vuelan el cielo, tu nombre
tallado queda en voz de los senderos,
en la hoja del recuerdo, los vestigios
de las manos, la ceniza del beso.
 
Llueve adentro, florea el pensamiento.
Estalla la semilla. Hiende la raíz
hasta la resistencia de la piedra,
la flor afinca, sacra residencia,
aun en la colina del campanario
y los desiertos más soleados, canta
en el invierno y los desfiladeros
despóticos e injustos del palacio,
canta el hombre, eleva el sueño, levanta
adentro, la razón indiscutible 
de los clásicos, brilla el ojo en lo alto,
como a lo lejos, la verdad del faro.
 
Y le pregunto al océano, al rayo,
al velero. ¿Por qué tan pocos faros?
¿Por qué no más hombres Mozart, Beethoven,
Aristoles, Platón, Sócrates, Da Vinci,
Miguel de Cervantes, Sor Juana, Jesús
deNazaret, Mandela, Ghandi, Martin
Luther King, Einstein, Pasteur, Paz y Nobel?
¿Por qué tantos hombres pinochet, hitler,
franco, generales y parricidas
y condecoraciones de combate
en la solapa y la pared? ¿Por qué
son más lo que destruyen, los que matan
sus sueños y los sueños de los otros,
que los que son faro, semilla y fruto?
 
En el rostro del alba encuentra el ojo 
todas las respuestas. Muestran las flores
toda su belleza. El horizonte apunta
al puerto. La verdad abre ante el rostro
los balcones de la embriagada vida,
la eterna primavera. Llueve adentro,
florea el polvo humano, esculpe espigas,
podios, la solar tierra de las manos.
 
La vida es predecible por sus actos.
 
Afuera llueve. Cantan los violines
de la lluvia. Los jardines, los campos
escuchan complacidos, la sinfonía
que escurre por los poros del terrario.
 
 
 
 
 
CAIGO AL FIN
 
 
Caigo al fin.
Mi cuerpo ya no es mi cuerpo.
La tierra reclamó, el polvo de mi nombre,
la mar, el lago donde fue el arrecife de mi piel. 
 
Viví la vorágine 
del orgasmo. Fermenté en maderas finas
la sustancia de las uvas. Degusté 
el vino más dilecto. 
Me embriagué de la flor
inversa de mis labios.
 
Gracias vida
por invitarme a ser y estar aquí.
Emigro satisfecho, en silencio, enamorado.
 
Quizá mañana sea nube y llueva,
o flor, o ave, o la corona en la cúspide nívea, 
o la sonrisa en el alfabeto de otra calle, 
o el viaje delirante, en otra dimensión,
sin el peso y la fatiga de la carne.
Son tan amplias las posibilidades,
como la muerte.
 
 
 
NOCTURNO ERÓTICO
 
 
Lentamente
se desnuda ante mis ojos.
Me rapta, me seduce
la obsidiana piel,
su cuerpo voluptuoso.
El gesto innumerable de sus lunares
luminosos. Su rostro
atraca en el puerto de mi frente.
Zarpa la imaginación.
Ya desnuda, ofrenda su cuerpo a la caricia
de mis labios y mis ojos.
Me derramo en la vastedad de su belleza.
Se entrega, se da sin condición.
Hicimos el amor
hasta los primeros pájaros del alba.
Nos descubrió el día.
 
(Del poemario Canción de lluvia)
 
 
 
 
 
 
TEOREMA  DE UN SUEÑO
 
 
Me sé exiliado en el país de tu sangre,
seducido por la geografía y los ríos
nítidos, por la melancolía de tu paisaje,
por el plumaje de tu voz,
por las nubes, por la lluvia de tu tierra,
por la mar de tu belleza.
 
Me sé en el lenguaje de tus labios,
en la pirografía de tu alfabeto, 
en el viaje de tus alas.
Me sé en la tierra fértil de tu vientre
fundando el rostro virgen de tu imperio.
 
Me sé en tus manos artesanas,
en el taller de tus cabellos,
en el oasis de tus labios y tus dedos,
apaciguando la sed urgente de mi cuerpo.
 
Me sé en la hora más sagrada de la sangre,
comulgando, el cáliz de tus ojos,
la bermeja ostia de la rosa,
la vorágine del precipicio, el éxtasis que rapta
los cuerpos embriagados de la complicidad.
 
Te sé en mis manos de alfarero
acariciando el cántaro desnudo de tu cuerpo.
Te sé en mis labios,
como el más exquisito racimo,
tatuando cada uva, el papiro de mi piel.
Te sé como la flor,
profesando al vuelo del colibrí,
la ambrosía de sus pétalos.
 
Te sé desnuda en el silencio
de la luna y las constelaciones,
ofrendando a mis labios,
los eróticos frutos de tu cuerpo.
 
 
 
ME ASFIXIAN LOS RELOJES
 
 
Me asfixian los relojes,
las horas alargadas como veredas infinitas.
Pesa el día, como una procesión de muertes 
hacinadas en la garganta de mi féretro,
como el cuerpo amputado 
de todas las extremidades y el rostro
estallado contra el muro del presidio.
 
El pulso de la sangre
niega su canción, su cauce
precipita en el desfiladero
sin la fragancia de tus dedos en mis ojos.
Me sentencia el tiempo y la distancia
a no escuchar tu voz, a consumir mi cuerpo
en denso humo de leño verde.
 
 
(Del poemario Imperio de Miradas)
 
 
 
 
 
Sergio Alarcón Beltrán, poeta. Nació el 8 de septiembre de 1967, en la municipalidad de Tianguistengo, Estado de Hidalgo, México. Radica actualmente en la ciudad de México. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, (UNAM). Es autor de los libros: Piedra de todas las edades, Imperio de miradas, La otra cara del gato, (Cuento). Saltarina, (Cuento). La princesa de Lulo, (Novela). Canción de lluvia, Flor de cáncer, Piedras preciosas, Atlas de nubes, Blanca resurrección, Canto Astral, Arpa de lluvia y la antología de autor, titulada: A mar abierto. Su trabajo ha sido traducido al inglés, portugués y catalán. Se ha publicado su trabajo, en revistas, suplementos culturales de diferentes diarios del país y el extranjero, revistas electrónicas. Ha sido incluido en la revista Círculo de poesía de escritores latinoamericanos, en la antología Poetas del siglo XXI, edita en España por Fernando Sabido Sánchez. Es presidente de la editorial SEPIA Ediciones. Promotor cultural.
 
 
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