Cine Boliviano
 Fecha:22/08/2009

Zona Sur: Valdivia y la Casa Grande


Descorriendo el velo de la indiferencia
Por Ada Zapata A.

Foto: Cine nómada
| Foto: Cine nómada

¿Alguna vez pensaste que una familia es  un gran ato de perros?  Cada animal ensimismado jala  por su lado estirando al resto. De pedigree por supuesto, Valdivia nos  entrega  un elemento faltante al  fragoso dime y direte del cine boliviano, la  atmósfera residencial paceña  de Zona Sur

En esta jauría  boliviana se menean blandamente  el encanto de los cholos, la virlocha lesbiana y los mestizos jailones. En Zona Sur  los empleados hablan entre sí en aymara, sin ninguna traducción para los curiosos espectadores, poniendo en evidencia nuestra aceptada indiferencia y  nuestra incapacidad  de entender un mundo que se cierra sobre nosotros; gravitando peligrosamente en el cine indigenista  de Sanjinés que mira la hoyada, o pasando por  el humor negro del cine urbano de Marcos Loayza.

La película transcurre  en la blanca contención de una casa que relumbra como personaje solitario. Con un  innovador desplazamiento, el lente de la cámara nos introduce en el vientre de ésta por un espejo "ojo de pez"  situado en la puerta, y de forma circular con movimientos espirales descubre  un extrañamiento visual, una mirada externa que atrapa con pulcritud al espectador.

Dos  grandes relojes sembrados en la cocina dan cuenta  del mundo redondo en el espacio cerrado y nuclear de la casa, a semejanza de una acomodada jaula.  La cámara descriptiva regresa egocéntricamente sobre  el narcisismo de los personajes, atrapados en la casa,  incapaces de ver lo que está más allá del deseo de  sus propias narices. Gracias a  estos lentos movimientos de cámara, la claustrofobia  la   única locación (la casa y sus habitaciones) se transforma en el  espacio de descubrimiento donde cada objeto habla  en silencio de los dueños.

Tratando de dar profundidad a los personajes,  en la superficie de una aparente calma,  Valdivia parece contestar a la irresuelta mirada  maniqueista de Sanjinéz con una lectura amable  de las diferencias   raciales, culturales, y del enfrentamiento de clases en la sociedad paceña. Las diferencias están ahora mediadas por la negociación, por un trato cordial y finalmente humano en la convivencia de dueños y empleados. Sin embargo con esa misma calma y con una violencia velada se sugiere que en la tranquilidad de la   Zona Sur  la  clase alta es desterritorializada, y la casa (o este lado de la nación boliviana) es comprada a la Señora por la Chola, creándose una nueva casta pudiente.

En la  "casa tomada", se desenvuelve otro juego de las diferencias culturales, y la discriminación que  no deja de existir. A la burguesía boliviana no le queda más que congraciarse con el cholaje, adoptar otro tono con la otredad si quiere sobrevivir. Diferente pero igual, juntos pero no revueltos, la película reproduce el consabido trato de poder  donde en última instancia no se borran las diferencias, las tensiones sociales y raciales en un país que sufre inesperadas metamorfosis.

Inocentemente Andrés, el niño de la  casa ,  está por fuera  y por encima de la casa, en la edad mítica  escapa a los techos con un par de alas de papel.  En la única escena donde se abandona la casa,  escondido , acompaña al mayordomo (Wilson) al funeral del hijo de éste. La fuga   hacia "el otro lado" conduce a  un lugar cerca al lago  Titicaca donde los comunaríos semejan otro cerco   inquebrantable, un solemne ritual fúnebre del que casi nada podemos ver.

El anacrónico niño, como una atemporalidad o como el reflejo de otra generación (viste como un pequeño de los años sesenta, con pantalones cortos y tirantes) probablemente representa un futuro conciliador de la sociedad, la alianza entre La Señora y Wilson, entre el amo y el subalterno, matriarcado boliviano donde se comparte la mesa. Tal vez por eso ante la angustia de la madre Andrés sabe que es el momento de  volar, de abandonar la casa y  el pasado,  aunque  sólo sea para emigrar  a España o para construir otra  gran casa en  Huajchilla.

¿La película se queda  light?, Zona Sur tampoco escapa a la exageración con alguna escena teatral, que simbólica como  marca del director,  se desenmarca del estilo realista de la película: con las manos forzadamente levantadas y apoyadas contra las ventanas de la casa, los personajes describen el cuadro de su desesperación. A pesar de la excelente realización que pone nuevamente a Valdivia a la cabeza del  cine  boliviano (con movimientos poéticos y una imagen impecable), Zona Sur no  se libera de cierta atmósfera de telenovela,  matizada por la influencia del destape mejicano con películas como Y tu mamá también; sin llegar a la corrupción las abiertas escenas de sexo  entre los jóvenes  decoran  la película con desenfado. Se coquetea con la piel y las  verdes hojas del jardín, las caricias lésbicas sobre las diferencias sociales y la sensualidad del cuerpo de la noviecita tonta en las finas sábanas del jailoncito arrecho. 

Audio Nota: 
COMENTARIOS
Fecha: 27/08/2009 Hora 21:26:19

Deberían poner una advertencia de spoilers. Una buena crítica, habla de la película pero no cuenta momentos claves.

Autor del comentario: Jose

Fecha: 25/08/2009 Hora 19:09:29

Me gusto la peli. Es entretenida y nos hace reflexionar iy reirnos de nsotros mismos. Lo mejor en cine boliviano en lo que va del año.

Autor del comentario: Pablo

Fecha: 25/08/2009 Hora 23:17:46

Muy buen comentario de una muy buena película.

Autor del comentario: Santiago




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