Teatro
 Fecha:08/07/2010

Mis Muy Privados Festivales Mesiánicos
Textos que mirgran, pero no demasiado
Por Ada Zapata Arriarán

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Tres hombres en traje y corbata  sentados en negras sillas giratorias coronan la sobria escenografía de Mis muy Privados Festivales Mesiánicos. Detrás   pasea una  sado o sensual figura,   ánima  del  formal trió de  emisarios.   Femme eterna que  como  eco, habita los pensamientos de cada uno de los personajes , como   álgido espíritu  o coqueta  voz  interior que manipula los excesos de  estos seres que  en realidad representan “mujeres”,  en  una  “obra de mujeres”.


En este trance las tres masculinas visitadoras sociales, poseídas por  el  burocrático trabajo, largamente,  harán gala del aturdimiento oficinesco, luciendo sus  pesados trapos sucios como   entrepapelados expedientes o gajes del oficio;  y porque no, modelando  ante el público sus tristes  vidas de funcionarias de clase media, oficio que aparentemente sirve de nada, amén de niños maltratados y  hogares derruidos, grandes ausentes del escenario.  ¿Pero dónde están los niños? A mitad de Mis muy Privados Festivales Mesiánicos  cáen obesos  expedientes  derramando  hojas  que simulan dibujos hechos por  niños, único momento en que se hacen presentes con toda  la carga  de una inocencia  desválida.

Desde Alemania, pasando por Buenos Aires, Textos que Migran presenta  en La Paz Mis muy Privados Festivales Mesiánicos, probablemente  para reconocer la universalidad de  ciertos  problemas,  en otras culturas. Dramas cómodamente despojados de mayores detalles, reconocibles en todas partes, porque  “en todas partes se  cuecen habas” dirán algunos. Pero que tanto migran estos textos en el confuso repertorio del no lugar,  en el de la palabra que describe pero que también crea vacio,   hacia realidades como la boliviana. Como se conjugan texto y contextos en esta obra de denuncia.

Burócratas del  desvarío, existen en partes todas, mesianicas mujeres histéricas y suicidas, también, sin embargo bien podía  alterarse  más el texto que migra. Más allá del simple cambio del nombres, o referentes de un Kinder alemán al del devastador  Bichito de Luz, por ejemplo. Habría que preguntarse si el espíritu de la obra realmente dialoga  con el drama en contextos totalmente diferentes como el boliviano. Si el director aporta su propia interpretación y sello estético al texto que supuestamente migra de una realidad a otra, encontramos esa  involuntaria ironía,  el poner sin querer en evidencia estas  grandes diferencias, ante nuestros complacientes ojos de espectadores.

Tal ver el heroísmo feminismo de mujeres modernas en países del primer mundo, nos  es ajeno  ante  estas  abrumadas  mujeres masculinas,  que abandonadas al sistema, nada pueden hacer  por la humanidad empobrecida.  Ironía que pone en evidencia  las  buenas intenciones en el escenario, pero no  en el basural de nuestras desgracias realmente privadas.

En suma gran acierto del director, el invertir los factores en la dramaturgia, originalmente la obra se presentaba con tres mujeres por delante, y un hombre por detrás.  Al poner actores masculinos   vestidos como tales oficinistas representando mujeres, produce el extrañamiento necesario para dar el verdadero peso a la obra.  Masculinas presencias que   convocan  al  femenino ser dentro de sí,  y viceversa.

Sin duda impresiona el esfuerzo de los actores, que mejoran su interpretación en cada obra.  Los actores demuestran su cuasiexactitud,  agilidad, y oportunidad al hacer espontáneos arduos diálogos, que simulan perversas disputas.  Si a veces el gesto decae  cuando el extenso texto ocupa el primer lugar de la escena, creando toda la claustrofóbica  atmósfera del agobio, o  el monótono guiño de la moderada queja,  la actriz Soledad  Ardaya levanta  el ritmo de la obra. Es así que la calidad y la exigencia de  estos actores de teatro boliviano mejora cada vez más en los detalles.
 

El teatro de la parálisis se hace nuevamente presente  en Mis muy Privados Festivales Mesiánicos, teatro boliviano alemán, obra de gesto y de texto o  de textos que migran,  pero no demasiado.  Y que sin embargo a pesar de la camisa de fuerza del texto y de las inmóviles sillas donde están atrapados los personajes, nos hacen disfrutar del detalle de la actuación.  
 

 

Elenco: Mario Aguirre, Soledad Ardaya, Miguelángel Estellano, Pedro Grossman
Dirección: Percy Jiménez

La Obra: En una oficina de un minstierio público, tres Trabajadores Sociales al borde de sus posibilidades. El número de casos se supera, los papeles se amontonan sobre los escritorios, el teléfono no para de sonar: abogados, padres que golpean, hijos que podrían golpear, denunciantes habituales. ¿Cuál es el límite? Un fracaso después de otro. En la vida, en el trabajo, en el amor. Un universo donde necesitaríamos asistencia y la realidad tira por tierra cualquier aspiración por hacer las cosas bien.

La Autora: Con 14 obras a su haber Felicia Zeller (Stuttgart, 1970) se ha consagrado en la escena alemana como una autora hiperactiva y una maestra en los juegos de lenguaje.
Mis muy privados festivales mesiánicos, o más bien Kaspar Häuser Meer como es el título orginial, nació por encargo para el Teatro de Friburgo y recibió el premio del público en las Jornadas Teatrales de Mühlheim en 2008. Para escribir esta obra, Zeller documentó la cotidianidad de tres asistentes sociales y su trabajo en el ministerio público. El resultado es un drama social sobre la necesidad de ayudar y la imposibilidad de ayudar a todos, pero también una pieza cargada de sarcasmo e ironía.

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