El Museo Nacional de Arte, presenta la muestra compuesta por más de treinta obras, abierta al público en el Patio de Cristal del Museo Nacional de Arte, hasta el sábado 7 de agosto del año en curso.
La muestra Cerámica contemporánea boliviana, ofrecerá al espectador un vistazo al escenario actual de esta disciplina artística, de largo recorrido, que se remite y pone en valor a nuestra tradición artística.
Esta muestra colectiva reúne el trabajo de seis ceramistas bolivianos, Lucrecia Palza, Isabel Garrón, Rodolfo Rocha, Mónica Dávalos, Claudia Gallardo y Marcela Ríos, en cuyas obras se intuye al universo latente y la esencia de la tierra que se esconde en cada uno de los rincones, vigorosos y poéticos de la arcilla y descubren el mundo interior de cada uno de los participantes. Su naturaleza y personalidad se expresa en los diversos temas y en las distintas posibilidades técnicas y de sus acabados en terracota, con engobes, esmaltes y piezas mixtas. Las distintas miradas de los ceramistas enriquecen, sin duda, a esta exposición con una dinámica sugerente en la cual el modelado y la alfarería, intervienen proponiendo un recorrido visual consistente y diverso.
Desde los años noventa, sucesivos encuentros entre artistas han permitido un intercambio de técnicas y conceptos, como el llevado a cabo el año 1994 en Santa Cruz, y el Simposio de Cerámica en Tiwanaku, el año 2009.
La agrupación de ceramistas, Patunka Octubre, ha aglutinado a su alrededor a las nuevas generaciones, enriqueciendo el movimiento artístico con propuestas estéticas contemporáneas, inspiradas en la herencia milenaria de las culturas indígenas, asimismo, esta actividad ha generado un movimiento intenso que se traduce en una producción cada vez más delicada por los adelantos técnicos.
Los artistas suelen vincular a la cerámica con la vida, por su relación con el fuego, la tierra, el agua y el aire -elementos que han constituido el entorno de los seres humanos a lo largo de su historia-. Desde ese punto de vista, este medio plantea un desafío particular a la creación artística, pues es el resultado de largos e intensos diálogos con la materia y de un trabajo integral en el que es imposible desligar la arcilla de su proceso y de su impronta.
La cerámica alcanzó un altísimo nivel en el arte de Tiwanaku y cuenta, hoy en día, con una importante tradición en nuestro país. Impulsada por la ideología nacionalista y la reivindicación de lo indígena que prevaleció en el contexto artístico del siglo XX, este medio ganó relevancia en los salones nacionales y en la formación en la Academia Nacional Bellas Artes de La Paz, en los años cincuenta. Consolidada, en las siguientes décadas, con la obra de grandes creadores como Manuel Iturri, Jorge Medina e Inés Córdova, la cerámica dejó de concebirse como un medio artesanal, para abrirse un espacio e inscribirse definitivamente como una opción coherente en la práctica artística en el país, tal como se evidencia en la práctica muralística de Lorgio Vaca. (MNA)