Cine
 Fecha:02/09/2010

Amor de Espaldas


Contracorriente
Por Ada Zapata Arriarán

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Costumbrista y deseándose transgresora en nuestro medio, trastocando el estilo de otras versiones de la comprometida y difícil, Doña Flor y sus dos Maridos, de Jorge Amado en la pantalla, Contracorriente nos ofrece con similar  naturalidad desflorada, una especie de realismo, no menos mágico. Por otra parte rebasa, con la misma naturalidad, el miserabilismo y el exportable exotismo de  los abalorios   de la Teta Asustada.


La despejada Contracorriente logra levar velas  por las costas del mar peruano.  Inadvertidamente el film captura desprejuiciada  la atención. Con vigilada estética  de oxigenada fotografía,  imágenes granuladas  aportan el suficiente encanto para atraer  la mirada. Bonita red que anhela su propia profundidad. Prodiga en la imagen previsible en principio se transforma en agradable sorpresa visual. Logra, además   que  levante ice y ancle, la virilidad  de una historia de amor entre hombres sin el estereotipo afeminado. 

¿Cómo se representa el amor homosexual masculino en este cine latinoamericano, y hasta que punto supera las fronteras del  álgido simulacro? Ansiedad y descontento, exclusión homofóbica, ambigüedad sexual  y naturaleza humana, si hay lágrimas no se trata  de una lección de moral.  Si el peligro del libelo  queer rondaba como una posibilidad de anular la obra, el resultado en cambio abre  la emotividad en  escenas que escapan a la preparación, a las que el espectador puede asistir en la segura oscuridad de su banca para apreciar    embellecidas imágenes homoeróticas. Besos en primeros planos donde las barbas se frotan, y  cuerpos caen rodando en la arena.  

Salir del closet sólo a condición de la invisibilidad, disfrutar del cuerpo prohibido sólo si de un fantasma se trata, o encarnar el fantasma del secreto. Buscar el cuerpo amado o esconderlo en el mar, vagar sin descanso se nos entrega como la naturaleza  de la tribulación.

Un cadáver amordazado lanzado  en marejada resiste la comparación.  Semejante  es también la  figura mesiánica  en este amor de espadas,  la de aquel elegido  que debe cargar la pesada  cruz, "el muerto   entregado al mar", Miguel, el pescador soportando los restos de Santiago... y no falta   el buen discípulo, el desconocido samaritano que se ofrezca acompañar al estigmatizado en una otra última escena de la redención final.

De esta forma Contracorriente se suma a la escasa lista de cintas inquietantes, que se sumergen en la necesidad de representar el rizomático mundo en tantas otras atmósferas. No sólo por el gusto de ver los cuartos traseros empapados de arena, no se puede negar que  la película inquiere formas y estéticas para escarbar, desear y buscar, sentidos y lenguajes al tema.

Contracorriente, film peruano-colombiano dirigido y guionizado por Javier Fuentes León, opera prima como director, se estrenó recientemente en el Multicine de La Paz. El evento es aplaudido por el publico paceño sin poder resistir la tentación de celebrar  la exitosa incursión de un actor boliviano en uno de los roles protagónicos junto al colombiano Manolo Cardona y la actriz peruana Tatiana Astengo. Cristian Mercado, multifacético también  por su dedicación a la música en el grupo de rock Reverso y al teatro como director y actor, asume el reto de interpretar un papel arriesgado.
 

 

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